El meteoro más esquivo

20 05 2014

El arco iris es el meteoro más  misterioso, inasible y hermoso. Huidizo e incomprensible.  Siempre lo he entendido como una ilusión óptica, que aparece en esos días de tormenta densos y pesados, húmedos y bochornosos. Con esos cielos de belleza tan impresionante. Tan imponentes sus nubes oscuras y cataclísmicas iluminadas por un sol oblicuo a través de una atmósfera limpia y brillante.

Un arco iris especial entre Badajoz y Olivenza en mayo de 2014; ¿un arco infralateral?

Un arco iris especial entre Badajoz y Olivenza en mayo de 2014; ¿un arco infralateral?

Las condiciones son las adecuadas; las detectas; miras, lo buscas, lo esperas y allí está. Aunque sea un pedazo entre las nubes. O entero, o medio, pero alcanzando el suelo, apoyando su pilastra sobre la loma verde, dejándola ver a través de los colores consabidos, esperados y relucientes. Y si hicieras una fotografía lo verías exactamente así como tú mismo lo ves. Y con un teleobjetivo quedaría enorme ese pilar transparente como una vidriera gótica sobre la loma verde. O sea que esa ilusión óptica quedaría recogida en la fotografía para siempre. No huiría, no se escaparía como lo haría una decepcionante ilusión óptica. No parece algo falso. Sin embargo no trates de ir hasta él, porque me temo que nunca lo alcanzarías.

¿Cómo se produce? Nunca lo he entendido bien. Si que entiendo ese pseudo-arco iris que se produce cuando pasa la luz por una cortina de agua dispersa de una manguera o de un aparato de riego por aspersión. Pero no el arco iris de verdad. No existe entre él y nosotros una cortina de agua que disperse la luz en sus colores primarios. ¿Dónde se divide esa luz? ¿Por qué siempre aparece con el mismo tamaño? ¿Por qué tiene esa forma de arco?

Arco iris con base próxima a uno de los baluartes de la muralla exterior de Olivenza, ampliado con un teleobjetivo de 400 mm.

Pues al parecer, cada uno vemos nuestro propio arco iris; solo es necesario estar en el lugar adecuado entre el sol y la lluvia para ver el resultado de la reflexión y refracción conjunta en un montón de gotitas de lluvia esféricas. Debe de ser esa la cuestión: que son tan ínfimas esas gotas que no nos parece que exista realmente esa lluvia que produce el arco iris. Siempre se sitúa en el lugar opuesto al sol, que quedará a nuestra espalda si miramos el arco de frente. Mientras más bajo esté el sol, más alto será el arco. Si pudiéramos situarnos en puntos muy elevados en lugar de un arco podríamos ver un arco iris circular; como lo ven en ocasiones los pilotos de aviones.

 

 

 

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