Escrito 118.- El Gañapón de Curili

1 11 2012

El escenario era el de una casa enorme, de techos muy altos, oscura y con los suelos haciendo pendiente, inclinados, por los que era muy difícil correr. Se avanzaba muy poco; costaba mucho trabajo, cansaba.

Necesitábamos correr; huíamos de algo así como un ser horroroso. Un poco más tarde, despierto ya, sentí un escalofrío que me puso los pelos de punta, cuando deduje que se trataba de un fantasma. Lo bauticé, soñando aún, como el Gañapón de Curili, o el Felipón de Curile, o algo así. Busqué durante un momento su nombre; parece ser que lo conocía de otras veces. Deduje después también, despierto, que era un antiguo conocido de mi infancia; hundido y agazapado por mis circunvoluciones cerebrales desde aquellos tiempos felices, aunque no lo debían de ser tanto en el mundo de mis sueños de entonces.
Huíamos de él, mi hija y yo y otra persona, que no he conseguido averiguar quien era, por aquella casa fantasmagórica y agobiante, que debía de ser la de mi abuela en Cádiz, realmente misteriosa –al menos para mí en aquellos años infantiles.

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