Escrito 115.- Sin decorar

12 03 2012
Qué lástima y que rabia la actitud generalizada e institucional de los marroquíes hacia las mujeres; porque Marruecos es también un lugar lleno de ternura, la de un niño en la barra de la bicicleta con su padre, o de belleza, como la de los peces entre rosados y rojos, alargados como sables retorcidos, o de exotismo, como el de especias tan extrañas como la raíz de mandrágora, o como el del colorido de estos puestos de especias de suaves mezclas en tono cálidos.

Pero es también un país impactante, agrio, sangriento, sucio, violento. No es un sitio aséptico como donde acostumbramos a movernos los occidentales. Aquí, si alguien sufre un accidente en la medina, si hay una pelea, si se ha derramado sangre, el reguero, la mancha molesta, estará todo el día recordándonos que esto no es un decorado de película. No hay nadie que corra veloz a borrar los restos del insulto a la sensibilidad de las personas. Aquí la gente ha de estar acostumbrada a la violencia, a la sangre. Si visitas el zoco de las gallinas y los pavos podrás ver todos los animales, los vendedores orgullosos con su magnífica mercancía,… pero también podrás oir el pataleo de muerte, sin razón ya, de un animal sin cabeza colocado en una lata para que no se derrame la sangre que mancharía a los musulmanes. En las jaulas cercanas, mientras, los gallos estúpidos se afanan por mostrar su mejor aspecto a las pobres gallinas.

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