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31 05 2011

Los muertos tranquilos

 Ayer recibí uno de esos correos electrónicos desagradabilísimos en el que se veía (para no recibir de lleno tamaña visión miré rápidamente y de reojo, porque ya estaba sobre aviso) el accidente de un coche y las dos personas que viajaban en su interior como dos guiñapos sobre la acera. Fue suficiente el vistazo de raspajilón para tener el cuerpo enfermo todo el día, cada vez que pensaba en ello. Las sensaciones son muy chocantes -pensé- repugnantes no es el adjetivo que mejor las define, aunque algo de esto debe de haber también. Seguro. La sensación es de una profunda extrañeza, e incluso diría que producen una atracción curiosa. Pero no es morbo (sólo lo sería si produjeran una suerte de disfrute), pensé que es más bien curiosidad… por que ¿cómo son los muertos?… si parecen sólo animales atropellados en la carretera… y no dicen nada… están, insultantemente tranquilos. Pero, “¿cómo pueden estar tranquilos, si están muertos? Que digo muertos, si están destrozados. 

Y rodeados de gente mirando sin hacer nada; pero ¿qué van a hacer, si están completamente muertos? Pues curiosear, ¿qué iban a hacer?; y ¿qué pensarán? “Fíjate que cara se le ha quedado,… parece tranquilo… sin embargo ella,… parece tener cara de asombro”. “Fíjate en los ojos, se le han quedado abiertos, completamente… ¿seguirán viendo los ojos?”

Pensé que no es malo curiosear, que forma parte de nuestra sustancia; no podemos evitarlo, somos animales curiosos por naturaleza. Pero en esas circunstancias, no parece adecuado, es algo tan serio morir destrozados en dos segundos, que no se ve bien que alguien curiosee unos minutos después. Quizás es que ven el asunto tan serio que no consiguen irse de allí y dejar solos a los muertos. Pero, ¿por qué se ve poco serio curiosear? Realmente no se lo deben de estar tomando como algo banal, no deben de estar bromeando, simplemente descubren sensaciones que nos llegan de forma no muy habitual. Quizás sólo el hecho de descubrir si que nos produce un cierto goce. Algo de esto debe de haber. Un disfrute que nos mueva a descubrir. Lo dicho, recapitulo, ser curiosos es parte de nuestra sustancia.

Quizás el asunto parece más sucio cuando no se es consciente de que algo interno nos mueve a mirar y mirar. Muchos a lo mejor confunden ese goce con sensaciones simples y primarias. Estaba convencido de que lo que nos mueve puede ser sencillo (que tampoco), pero los descubrimientos son sin duda complejos. Tanto que la mayoría de las personas debe de cansarse antes de llegar a entender sus propios sentimientos y deben de concluir, avergonzados quizás, y sólo para sí mismos, que sí, que es cierto que irremediablemente somos unos morbosos.

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